Siete por Siete: Todo vuelve, todo continúa.

64  años después.

Si tenemos que hacer caso al comunicado de la Oficina de Comunicación de la Iglesia de Aragón (difundido por europapress), la historia de esta obra no podría ser más inverosímil: el año 1954 se encargó la restauración del retablo de la iglesia parroquial de Santa María de Bulbuente (Zaragoza), obra del flamenco hispanizar Enrique de Estencop, a Josep Bardolet Soler, más conocido como anticuario que como restaurador. Este la habría sustituido por una copia  a la hora de devolverla y habría vendido el original. Recientemente, su propietario actual ha pedido el permiso de exportación de la obra, especificando la atribución. Esta pista encendió las alarmas de las autoridades encargadas de dar el permiso, dado que Estencop es una artista con poquísima obra, y así se descubrió el hecho de la sustitución más de medio siglo después de que esta se produjera. Ahora la obra está intervenida y depositada en el Alma Mater Museum de Zaragoza (el antiguo Museo Diocesano). Otras crónicas, como la que publica el Heraldo de Aragón, señalan que ya en 1969 había dudas sobre la pieza devuelta a la iglesia, la que se consideraba como máximo un ejemplo pésimo de restauración. Incluso recoge la posibilidad, probablemente muy remota, que se tratara de  dos originales. En todo caso, como que el propietario afirma haberla comprado en subasta en 1980, es decir, hace más de 30 años, no está nada claro que necesariamente haya de perder la propiedad. Seguiremos el caso.

Para saber más sobre Bardolet, se puede consultar online el artículo de Meritxell Cano Ción: “Josep Bardolet (1891-1982), un agent intermediari dins el comerç d’antiguitats a Catalunya”, AUSA n. 175 (2015) p. 163-190.

Sobre Enrique de Estencop, hay este articulo: Ainaga Andrés, Mª T. y Criado Mainar, J. «Enrique de Estencop (1387-1400) y el tránsito al estilo internacional en la pintura gótica aragonesa: el retablo de Nuestra Señora de los Ángeles de Longares (Zaragoza) », El Ruejo, nº 4 (1998), pp. 107-140.

Y ahora las artes decorativas.

La combinación del trabajo incesante de los nuevos propietarios de Colnaghicon el proyecto de Auckland Castle y con el apoyo de la Centro de Estudios Europa Hispánica a programas académicos relacionados con el arte hispánico (sobre todo en el Courtauld Institute), está provocando un renacimiento del interés por el arte hispánico  en el Reino Unido. Ahora  le llega el turno a  las artes decortatives : dos jornadas en el Victoria and Albert Museum, con los mejores especialistas, a la que se pueden presentar propuestas de ponencias: Collecting Spain, 8 y 9 de junio.

Una vasca en París.

He aquí la primera entrevista larga a Miren Arzalluz, la nueva directora del Palais Galliera de París. Después de un máster en la London School of Economics y otro sobre historia de la  moda en el  Courtauld Institute, pasó a ser conservadora en el Museo Balenciaga de Guetaria. Luego fue nombrada directora del Instituto Vasco Etxepare, organismo dedicado a la difusión internacional de la lengua y la cultura vascas. Finalmente, se consagró con una gran retrospectiva sobre Balenciaga en el Victoria and Albert Museum, la cual le abrió las puertas de la institución parisina.

Siete por Siete: De la National Gallery al Metropolitan

Sólo queda una semana.

La National Gallery de Londres ofrece una Curatorial Fellow in Spanish Paintings  (22 meses, salario 26.126 £ – 32.734 £) para todos aquellos que quieran tener una primera experiencia profesional como conservadores, con especial énfasis en las colecciones de arte hispánico del museo. El plazo para las candidaturas acaba  el próximo día 25 de abril.

Para Sant Jordi.

En Anticipaciones del paraíso (Sans Soleil Ediciones, Vitoria, 2017, 491 págs., 26,50 € ), la profesora Rosa Alcoy estudia un tema interesantísimo de la iconografía medieval: la Epifanía del donante. Encontraréis un relato a fondo de cómo, sobre todo en la Baja Edad Media, la adoración los Magos se fusiona con la adoración particular de los donantes de la obra concreta, dando lugar a escenas donde estos aparecen junto y prácticamente en el mismo plano que los personajes bíblicos. También examina otras formas de teofanías personalizadas, como la adoración directa del donante a la Virgen y el niño sin otros intercesores o la incorporación del donante en las escenas de Calvario.

“In Barcelona you really must visit Museu Fred­eric Marès”.

Éstas eran las palabras de Max Hollein (Viena 1969), recientemente nombrado director del Metropolitan Museum  de Nueva York, en un pequeño artículo escrito en el 2015 para la revista de la Schrin Kunsthalle  de Frankfurt , de la cual era director junto con los otros dos museos importantes de la ciudad, la Liebieghaus y el Städel. Su magnífico trabajo allí le llevó en el 2016  al frente de museos de San Francisco, donde apenas se habrá quedado dos años antes de dar el paso al que, probablemente, es el cargo de director más importante del momento.

 

Siete por siete: Grandes formatos.

Carlos Vázquez Úbeda (1869-1944), Mozos de Escuadra, óleo sobre tela, 199 x 247 cm, firmado y fechado en el ángulo inferior izquierdo : “Carlos Vazquez 1906”.

La aparición del contundente cuadro de Carlos Vázquez Úbeda en TEFAF, en el stand de  Jack Kilgore, me ha hecho pensar en una categoría de obras de nuestro arte, las de gran formato de fin de siglo XIX y principios del XX, que salen al mercado muy de vez en cuando. Viven la paradoja de ser consideradas, a menudo también por los propios autores, como sus máximas creaciones, pero justamente por ser de tamaños demasiado ambiciosas y demasiado representativas de un gusto o un mundo que se creen superados, se encuentran con serias dificultades . Su destino natural deberían ser los museos, pero éstos no se acaban de decidir por falta de espacio o por inseguridad sobre cómo serán recibidas. ¡Esperamos que la situación cambie! El caso del óleo de Carlos Vázquez es paradigmático. La obra, expuesta y premiada en Madrid, París y Buenos Aires (donde fue adquirida en 1908) supera muchas de las otras del artista, por la fuerza de su ejecución y por el tema, más atrevido que sus recurrentes escenas costumbristas de interior. Pero haría falta un esfuerzo pedagógico importante antes de que una institución osara adquirir una representación tan clara de discriminación racial.

Antoni Fabrés i Costa (1854-1938), La pena del lladre, acuarela sobre papel, 137 x 73 cm, firmada en  el anglulo inferior izquierdo, “A. Fabrés/Roma 11Xbre 83″‘.

Aun es más evidente el caso de esta extraordinaria acuarela monumental de Antoni Fabrés, teniendo en cuenta su técnica, recientemente subastada en Londres por Christie’s. Es la obra que consolidó al artista: expuesta en la nueva galería de la Sala Parés de Barcelona poco después de su regreso de formación en Roma, el éxito fue tal que se mostró en varias ocasiones, de manera intermitente entre 1884 y 1886. Las menciones en la prensa de aquel tiempo  se multiplicaron, hasta el punto que Fabrés hizo una réplica prácticamente exacta (sin fechar), que fue expuesta y también premiada en Madrid y Munich y fue adquirida por el Estado español . Con todo, el orientalismo a que responde, retratando un castigo fantasioso y exagerado, y el humor que usa (¡la cartela sobre el condenado dice “Muévete ladrón!”) no facilitan su entrada en una institución.

Laureà Barrau (Barcelona 1863 – Ibiza 1957), Via Crucis de Olot o El Camino de la Cruz en Cataluña, c. 1894, óleo sobre tela, 182 x 198 cm, firmado en el ángulo inf. izq.: “L. BARRAU”.

Expuesta al Salón de la Société Nationale des Beaux-Arts de Paris en abril 1894 y al año siguiente en la Sala Parés de Barcelona, ​​este gran oleo actualmente en una colección privada española después de ser recuperada en  Uruguay, es la culminación de la primera época de Barrau. La obra es deudora de la influencia de su maestro Pascal Dagnan-Bouveret (1852-1929) y de  sus visiones de  religiosidad rural bretona, pero Barrau , eliminando cualquier anécdota, adopta un estilo más claro y directo y, fiel a un realismo sin muchas concesiones, introduce aspectos tan sugerentes como el aburrimiento de la chica más joven. La escena retrata una procesión que aún se  celebra hoy dia, el Via Crucis en Montsacopa, cerca de Olot. Se puede considerar una de las obras clave del ruralismo catalán, siempre tendente a la religiosidad. Pero está claro que, desde el punto de vista comercial, Barrau acertó cuando, poco después de esta obra, se decidió por seguir a Sorolla y sus escenas luminosas mediterráneas. Hay un boceto de esta obra en el Museo de Terrassa.

Arcadi Mas i Fondevila (1852-1934), Procesión  delante de la ermita de San Sebastián en Sitges, óleo sobre tela, 298 x 146 cm, firmada y fechada en 1907.

Son abundantes los óleos que Mas i Fondevila dedicó a Sitges, a sus rincones y  a su gente, pero son  contadísimos lo que presentan una visión tan amplia y tan completa como la de esta obra. Por sus medidas, probablemente debía tratarse de un encargo. El tema y la intención es clara: mostrar el pueblo reunido, pulcro y radiante, de todas las edades y clases sociales incluido lo que parece un forastero con canotier atraído por la procesión que ha comenzado en uno de los lugares más bellos de la villa: una escena idílica que encajaba perfectamente con el  papel de remanso de paz  que se  le había asignado a Sitges y  a otras poblaciones de la costa, lejos de una Barcelona cada vez más convulsa. La figura del santo venerado parece ser la de San Isidro, lo que se explicaría por los matorrales floridos que aparecen en  primer término, parecidos a la retama. Se trata de una obra mayor del artista, aunque, por el momento sin el debido reconocimiento por parte de coleccionistas e instituciones.

Siete por siete: De Maastricht a Lovaina.

La gran semana.

Esta semana es la gran semana, la inmensa semana, porque es la semana de TEFAF, la feria más importante de arte antiguo y cada vez más moderno del mundo. Estos son los links a algunos de los artículos publicados en la prensa internacional: FAZSZFinancial TimesADLe MondeLe FigaroLa Tribune de l’ArtIl Giornale dell’Arte – con una entrevista al chairman de la fundación de la feria, Nanne Dekking, donde se menciona la novedad presentada en el simposio de los primeros días: la base de datos Artory que, basada en la tecnología blockchain, busca aportar transparencia al mercado del arte, sobre todo en cuanto a la procedencia de las obras. Por mi parte, la intención era destacar algunas piezas de interés personal y lo iré haciendo a medida que los anticuarios correspondientes me vayan enviando las fotografías solicitadas. De momento puedo hablar de estas dos que vereis a continuación – pero como no son muchas, lo complemento con las notas de unas horas que pase en Lovaina.

Cruz de Barcelona.

Esta atractiva cruz relicario, de alma de madera y placas de plata dorada, tiene punzón de Barcelona. Al parecer inédita, proviene de la colección Seligmann y es presentada por Brimo de Larousilhe. Está fechada a finales del s. XIV y presenta un perfil de flor de lis, con los florones en forma de hojas de roble. Los esmaltes están trabajados en talla baja. En el reverso, la placa central presenta Cristo en  majestad y las places  laterales que la rodean, los símbolos los cuatro evangelistas en el reverso. En el anverso, en la parte central encontramos el relicario con una cubierta de cristal de roca, rodeado  por encima de un ángel , dos placas en azul con perlas de esmalte (cielos estrellados?)en  los brazos y Adan al pie, las cuatro con agujeritos para incorporar una figura de Cristo.

Anchieta.

Lullo Pampoulides  son unos anticuarios jóvenes que han entrado con fuerza desde su apertura en Londres  hace poco más de 3 años. En la TEFAF han dado el paso directamente de la sección de promesas TEFAF Showcase, donde expusieron el año pasado, a la sección general donde exponen ahora. Su stand tenía una de los descubrimientos  de la feria, un San Pedro recientemente atribuido a Simon Vouet. También tenían este bajo relieve monumental (165 x 128 cm con el marco), inédito, tallado por el navarro Juan de Anchieta (1531-1588) hacia 1575 a 1580, con la policromía atribuida a Juan y a Antonio Elexalde. Representa La decapitación de San Juan Bautista con aquel  robusto “romanismo” que debió consolidar durante su estancia en Valladolid. La pieza es una muestra espléndida de su dominio de las diferentes técnicas de talla desde la arquitectura esgrafiada hasta la cabeza prácticamente extraña al santo, inclinada hacia fuera como para facilitar el trabajo al verdugo. El estado de conservación de la policromía es excelente y se ha recuperado después de una cuidadosa restauración.

Visto en Lovaina.

Entre Maastricht y Bruselas se encuentra Lovaina a menos de 30 minutos de tren y la visita es totalmente recomendable. Hay un billete turístico que por 16 euros te da acceso, primero, al tesoro la iglesia de San Pedro. El edificio es una maravilla gótica, incabada, y en el  tesoro, instalado en el deambulatorio, encontrareis dos Dieric Bouts (el más conocido una elegante Santa Cena en la capilla de la Fraternidad del Santo Sacramento, que la encargó), la copia más antigua del Descendimiento de la Cruz de Rogier van der Weyden (el original, encargado por el gremio de ballesteros de la ciudad y ahora en el Prado, había tenido un éxito arrollador) y otras sorpresas que una magnífica audioguía os irá descubriendo. El segundo lugar donde podreis entrar e sen  el conocido Ayuntamiento, con visita guiada en neerlandés y francés incluida: lo más destacable es la riquísima fachada “parlante” gracias a un programa de escultura (completado en el siglo XIX por la insistencia de Victor Hugo) que ensalza las virtudes cívicas y subraya el papel central de la corporación en la vida ciudadana. El interior, muy reformado también en el XIX, es interesante para hacerse una idea de las dimensiones de los espacios y para descubrir la sala de deliberaciones, que era el lugar donde se hallaba el  original de Justicia de Otto III, de nuevo de Dieric Bouts y conservado en el Museo de Bellas Artes de Bruselas. También tiene una fachada con ganas de contar cosas El tercer edificio a visitar, la Biblioteca de la Universidad, construida en 1921 para sustituir la que las tropas alemanas quemaron en 1914 y diseñada por el estadounidense Whitney Warren como un monumento a la victoria aliada (en 1940 se tuvo que volver a reconstruir, esta vez por culpa de las bombas). El exterior es uno de los últimos ejemplares del estilo neorenacentista flamenco (la primera gran manifestación del que había sido el Rijksmuseum de Amsterdam); en el interior encontrareis una impresionante sala de lectura déco con grandes ventanales que no hay que perderse. Sí que podéis  prescindir en cambio de la épica subida a la torre de los 300 escalones: desde el aire la ciudad no tiene nada especial, quizá porque fue bombardeada con ganas. El cuarto y último edificio es el M Museum, el museo de la ciudad, que para los amantes de la museografía más rabiosamente moderna supongo que debe ser el paraíso. En efecto, consigue enseñar obras de arte sin hablar de historia del arte, sino de toda otra serie de temas que seguro que deben ser interesantísimos (como funciona la visión del ojo humano, qué olor hacían los perfumes que guardaban los botes de la co colección, y así sucesivamente). Por suerte, algunas de las obras que hay, como el increíble Tríptico de los Siete Sacramentos de Rogier van der Weyden (restaurado en 2009) o algunas piezas de la colección de escultura de la misma región de Brabante, son unas obras maestras absolutas que se elevan muy por encima del discurso pobre con que se pretenden presentar. Si aún os quedan ganas, podéis acabar la visita con un paseo que, pasando por el Oude Markt, os llevará al Groot Begijnhof, una maravilla retirada en sí misma, llena de rincones inesperados. Si podeis, id en bicicleta y así no necesitareis una inevitable marcha a paso ligero para coger el tren  y llegar al último vuelo a Barcelona.